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30.4.11

El Valor de las Emociones




¿Alguna vez has dicho: “Mi esposo(a) me hizo enojar”, “tal situación me hace sentir triste”, “fulanito de tal me puso de mal humor”? Te puedo asegurar que sí, y que muy frecuentemente. Estas declaraciones son muy comunes. Pero si te detienes y piensas en tales declaraciones, te darás cuenta que son bastante ridículas, y por supuesto que no son ciertas. El hecho es que nada ni nadie puede hacerte sentir ninguna emoción que tú no elijas sentir. Las cosas que te suceden no determinan realmente las emociones que sientes. Mientras que puedes no tener control sobre todos los eventos o circunstancias que afectan tu vida, sí tienes la capacidad de elegir cómo piensas, sientes y actúas. No importa lo que suceda, tú siempre eliges las emociones que sientes.

La mayoría de las personas, involuntaria e inconscientemente, se convierten en víctimas de sus propias emociones, y pueden no creer que tienen el control de cómo se sienten. Las emociones negativas surgen tan rápidamente, que puede parecer que no hay tiempo de elegir una emoción diferente a la emoción natural reactiva. Si se te hace tarde para una cita, automáticamente te sientes ansioso(a). Si alguien te trata mal, automáticamente te sientes molesto(a). Cuando alguien te insulta o se aprovecha de tí, te puedes sentir inmediatamente resentido(a) o enojado(a). A todos nos suceden cosas desagradables de vez en cuando, y a menos que tomes el control de tus emociones, simplemente reaccionarás ante esas situaciones. Si te permites a ti mismo(a) reaccionar, tu subconsciente te ofrecerá emociones negativas, basado en las emociones que has elegido en circunstancias similares en el pasado.

Aunque puede ser que siempre hayas respondido de cierta manera negativa en una determinada situación, tus respuestas negativas del pasado no tienen que repetirse en el presente o en el futuro. Tu puedes elegir cada vez que enfrentas algo negativo. Puedes elegir reaccionar como siempre has reaccionado, o puedes elegir diferente. El pasado no tiene que ser igual al futuro. La realidad acerca de las emociones es que tú siempre las eliges. Tu siempre eliges cómo sentirte. Siempre. El hacerte consciente de ésto te dará mucho poder. Tú eres el autor de tus propias experiencias emocionales. Puedes elegir cual emoción quieres sentir en cualquier situación que enfrentes. Se necesita práctica, y no siempre es fácil, pero puede hacerse. Sólo necesitas decidirlo y comprometerte contigo mismo(a). La próxima vez que te encuentres a ti mismo(a) sintiendo una emoción que no te hace sentir bien, deténte y piensa acerca del proceso por el que atravesaste para llegar a esa emoción. Pudiera parecer como que la emoción te escogió a tí, pero en realidad tú la escogiste a ella.

El hacer una elección consciente en lugar de permitir que tus viejos patrones subconscientes te manejen, es elegir evolucionar y crecer. Deténte y piensa antes de permitir una respuesta automática, que no siempre es la más conveniente. La próxima vez que te enfrentes a una situación negativa, no simplemente reacciones. Busca el lado positivo de la situación. En lugar de sentir enojo o impaciencia, elige sentir aceptación, comprensión, compasión o paciencia. ¡Inténtalo! Te aseguro que tendrás resultados mágicos.

En el libro “El hombre en busca de sentido”, Victor Frankl habla de la importancia de elegir nuestras propias emociones, en lugar de permitir que la negatividad te atrape. El Dr. Frankl era un psicólogo que fue enviado a un campo de concentración por los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Como estudiante del comportamiento humano, el Dr. Frankl comenzó naturalmente a observar a la gente a su alrededor, sus reacciones a los horrores que vivían, y observó que variaban enormemente. El Dr. Frankl encontró que aquellas personas que elegían la emoción de desesperanza, y que simplemente se rendían, no sobrevívian durante mucho tiempo. Y para su sorpresa, encontró que en medio de aquella situación tan terrible, había algunos individuos que escogían emociones de amor y esperanza. El escribió: “Los que vivimos en aquellos campos de concentración recordamos que había hombres que confortaban a los demás, dándoles hasta su último pedazo de pan. Pudieron haber sido pocos en número, pero ofrecieron suficiente prueba de que todo puede serle arrebatado a un hombre, menos una cosa, la última de las libertades humanas – la de elegir la propia actitud ante cualquier circunstancia, la de elegir su propio camino.”

Debemos ser conscientes que las emociones se almacenan en nuestro cuerpo. Cuando bloqueamos nuestras emociones, no las sentimos o nos aferramos a ellas, estamos dañando nuestra salud física, mental, emocional y espiritual. ¿Has notado alguna vez cómo reacciona tu cuerpo cuando te sientes estresado(a)? Si no lo has notado, comienza a prestar atención. Investigaciones han demostrado que las emociones causan cambios en la bioquímica del cuerpo. Estos cambios bioquímicos representan el aspecto físico o material de la emoción.

Las emociones afectan nuestra vida en general. A la capacidad de reconocer y manejar positivamente las emociones, se le conoce como inteligencia emocional. Es la habilidad de identificar nuestras emociones, entenderlas y usarlas de manera saludable. El manejar nuestras emociones es la clave para vivir una vida extraordinaria. Cuando aprendemos a manejar nuestras emociones, identificamos su origen, nos hacemos conscientes de cómo nuestros cuerpos responden ante las diferentes emociones, y elegimos diferentes maneras para expresarlas sanamente. Además, tomamos la responsabilidad de nuestras emociones, diciendo: “me siento enojado”, en lugar de “tú me hiciste enojar”. Antes de tomar decisiones, aclaramos nuestras emociones. Respetamos las emociones de los demás y las nuestras.

Las emociones son un regalo, no algo de lo que tengamos que avergonzarnos y que tengamos que esconder. Las emociones hacen que la vida valga la pena vivirla, y necesitan ser expresadas adecuadamente. Las emociones son una lente a través de la cual vemos nuestro mundo. A través de unos lentes de enojo, vemos un mundo enojado. A través de unos lentes de miedo, vemos un mundo que nos asusta. Cuando creamos un ambiente de emociones no resueltas a nuestro alrededor, ésto afecta nuestra percepción del mundo. No importa que tan maravillosas sean las cosas, si estamos envueltos en una nube de amargura, nos sentiremos amargados.

Las emociones no solo nos ayudan a percibir la realidad, sino que nos ayudan a crearla. Las emociones son la materia prima de la vida. ¿Alguna vez has escuchado que los pensamientos son cosas? Hay mucha verdad en esa declaración, pero no sólamente los pensamientos son cosas, también las emociones lo son. Cuando las emociones se sienten, se expresan adecuadamente y se dejan ir, eso nos da poder. Así como el pensar nuestros pensamientos nos da poder, el sentir nuestras emociones también nos da poder. Cuando reprimimos nuestras emociones, y confiamos sólo en nuestro pensamiento, cortamos nuestro poder a la mitad. Acepta tus emociones, siéntelas y ellas se irán automáticamente después de que las hayas sentido. Si en lugar de sentirlas, las analizas, las juzgas, las justificas, las interpretas, entonces se quedarán atrapadas.

Entre más sientas tus emociones, más vivo(a) te sentirás. ¿Qué tan vivo(a) te sientes? Está relacionado directamente con la expresión y liberación de tus emociones. Eso es parte del valor de tus emociones. Las emociones son esenciales para la vida. No podríamos vivir sin ellas, aún cuando mucha gente trata de hacerlo. La clave está en sentir tus emociones sin contarte a ti mismo(a) una historia acerca de lo que ellas significan. Simplemente siéntelas. Necesitamos nuestras emociones para crecer y ser mejores. Entre más valores tus emociones, más te valorarás a ti mismo(a).

Nuestras experiencias de vida son realmente una proyección de nuestro propio estado mental y emocional. Creo que es tiempo de que la humanidad deje de negar el origen de sus problemas, acepte su responsabilidad por ellos y por los sentimientos y pensamientos que los crearon, lo cual le dará la paz interior que tan desesperadamente necesita.

¿Y cómo hacerte responsable de tus pensamientos y tus emociones? Comienza por hacerte consciente de lo que estás pensando y de lo que estás sintiendo. Mientras no seas consciente de ello, serás como un viajero sin dirección, sin sentido. Al aceptar la responsabilidad de tus propias emociones, estarás creando tu propia paz interior. ¡La elección es tuya!

Por María de los Ángeles (www.vidaextraordinaria.com) 20 de julio de 2010

El artículo no está completo, puedes leerlo entero en la genial página que hay indicada entre paréntesis. También hay en ella otros textos que realmente merece la pena leer.

21.4.11

Amar a un Ser Humano


Las cosas más maravillosas siempre llegan sin buscarlas. Esas cosas que son auténticas, que te llegan al corazón y suenan a verdad... Eso me ha pasado con el texto que a continuación dejo... He dado con él de una forma un tanto extraña, y es como digo... Una maravilla.



Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu Verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a tí mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es desvelar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a tí mismo y no permitir que el otro transgreda aquellos que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en tí mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a tí mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

21.3.11

Ser feliz o tener razón





¿Eres tú de aquellas personas que siempre creen, quieren o necesitan tener la razón?  ¿Que están dispuestas a todo para demostrar que tienen la razón?  ¿Los demás te preguntan por qué siempre quieres tener la razón?   En cualquier discusión, al final ¿siempre eres tú quien tiene la última palabra, pero ni tú ni los demás se sienten satisfechos?  ¿Discutes o gritas para convencer a los demás de que tú tienes la razón?  Si es así, ¿ésto te hace realmente feliz?
Este tipo de personas que siempre tienen la razón, ¿son en realidad felices?  Se enojan cuando los demás no están de acuerdo con ello(a)s o con sus opiniones o creencias.  Insisten en tener siempre la última palabra en cualquier situación y jamás reconocen que pueden estar equivocado(a)s.
Las personas que tienen la necesidad de tener la razón todo el tiempo, basan su autoestima en tener siempre la razón.  En el fondo, creen que si los demás no están de acuerdo con ello(a)s, entonces no son valioso(a)s o digno(a)s de amor.   Desesperadamente necesitan, inconscientemente, que los demás  estén de acuerdo con ello(a)s para sentirse bien, lo cual de cualquier manera nunca logran, ya que nuestro bienestar siempre viene de dentro de nosotro(a)s mismo(a)s.
El siempre querer tener la razón es una forma de violencia o agresión, ya que este patrón generalmente termina con un “perdedor” y un “ganador”, y los efectos son similares a aquéllos del abuso físico.  La sumisión de la otra parte es inevitable.   De hecho, este tipo de actitud es también considerada una forma de abuso emocional.  Un padre o madre así, es particularmente dañino(a)  para sus hijos, porque el(la) niño(a) aprende a sentirse el “perdedor” y que sus opiniones no son válidas o importantes.   Este tipo de actitud es un reflejo directo de una baja autoestima.  Y desafortunadamente la baja autoestima de los padres afecta el desarrollo de una autoestima sana en los hijos.
El que los padres siempre quieran tener la razón es un comportamiento particularmente dañino, ya que trae consigo una situación de enojo dentro del ambiente del hogar.  Cuando un padre, a través de siempre querer tener la razón, trata de probar su valor,  al mismo tiempo está robando un sentido fuerte de valor a sus hijos.
También encontramos muy frecuentemente este tipo de actitud en jefes y propietarios de negocios.  Desafortunadamente, este comportamiento crea ambientes de deslealtad, deshonestidad, falta de cooperación, ineficiencia y rotación de personal en las empresas.
Si eres de este tipo de personas, no comiences a criticarte y a sentirte mal, porque eso no te va a llevar a ninguna parte.  Lo que sí  puedes hacer es comenzar a trabajar en ello.   Recuerda que tú eres una persona maravillosa con muchas cualidades positivas, y que siempre tienes la oportunidad, en cualquier momento, de elegir ser diferente.  Empieza por recordarte a ti mismo(a) de tu valor intrínseco como ser humano.  Cuando estés en medio de una discusión o desacuerdo, trata de imaginar cómo sería ese conflicto si el resultado no fuera importante.  Comienza por permitir a otros manifestar y defender su punto de vista, aunque sea diferente al tuyo, sin tener que lastimar los sentimientos de los demás.
Pregúntate:  ¿Cómo sería mi vida si fuera amado(a), aceptado(a) y respetado(a), en lugar de “tener la razón”?  Trata de considerar las opiniones de los demás como igualmente valiosas.  Esto no significa que debes estar de acuerdo con los demás siempre, sólo di:  ”Sí, yo creo que tus puntos de vista son tan valiosos como los míos”.  Te aseguro que con esta actitud vivirás más en paz.    Podrías también intentar terminar una discusión con la siguiente frase:  “Bien, no estoy de acuerdo con tu punto de vista, pero puedo aceptarlo”, o “Puedo ver tu punto de vista y entiendo tu posición.”  ¡Inténtalo, y verás los resultados!
En cualquier relación, si hay alguien que siempre tiene que tener la razón, podemos apostar que habrá problemas.  No es  necesario ser adivino para saber que cuando una persona está determinada a ganar todos los argumentos o desacuerdos a toda costa, cualquier relación será dañada, ya que esta actitud interfiere con una comunicación sana, con un proceso compartido de toma de decisiones, destruye la autoestima y la confianza de la otra parte, y evita la igualdad en una relación.  ¿Y a dónde lleva todo ésto en una relación?
Te quiero hacer una pregunta:  ¿Qué prefieres:  ser feliz o tener la razón?  Esta pregunta implica que no puedes estar concentrado(a) en tener la razón, y al mismo tiempo tener relaciones sanas con los demás.
Una buena comunicación en cualquier relación, depende de que ambas partes se sientan seguras para expresar sus propios puntos de vista individuales, sin ser criticado(a)s o menospreciado(a)s.  Si una persona no respeta las opiniones de la otra persona, no será posible una comunicación verdadera.
Una comunicación sana es un proceso de dos vías, ya que involucra la capacidad de escuchar al otro sin interrumpir o decirle que está mal.  Cuando alguien tiene buenas habilidades de comunicación, puede escuchar al otro y mostrar respeto por sus puntos de vista expresados, aún cuando no esté de acuerdo con ellos.
De acuerdo con Epictetus:  ”Tenemos dos oídos y una boca para que podamos escuchar lo doble de lo que hablamos”.  Al escuchar atentamente y con un sentido de curiosidad, podemos permanecer abierto(a)s a la otra persona, mientras continuamos aprendiendo más acerca de ellos.  Pero primero tenemos que comprender que no tenemos todas las respuestas correctas a todo.  Nadie las tiene. ” El primer paso hacia el conocimiento es saber que somos ignorantes.”
Es arrogante para cualquier persona el pensar que sus opiniones siempres son las correctas.  Es arrogante pensar que no hay valor en escuchar a los demás y en abrirnos a nuevos puntos de vista y acercamientos.  Es arrogante humillar a otros sólo porque difieren de nuestra manera de pensar.  ¿No lo crees así?
Cuando demandas que los demás admitan que tú tienes la razón y que ellos están equivocados, estás demostrando tus propias limitaciones e inseguridades.  Cuando juzgas a los demás, no los estás definiendo a ello(a)s, te estás definiendo a ti mismo(a).
Una de las características de la inteligencia es aceptar que hay cosas que no sabemos y comprender que siempre hay mucho más por aprender.  La madurez emocional se demuestra siendo capaces de admitir cuando estamos equivocado(a)s, que no tenemos todas las respuestas, y saber que a veces es necesario disculparnos.
No se puede lograr intimidad y confianza cuando estás enfocado(a) en ganar cada discusión y probar que la otra persona está equivocada.  En una relación sana, ambos individuos se pueden sentir seguros de expresar sus sentimientos y pensamientos reales.  Ciertamente es posible estar en desacuerdo sin ser grosero(a)  y sin requerir que la otra persona admita que tú tienes la razón.
Al demostrar respeto por los puntos de vista de los demás, profundizas la confianza en la relación.  Al dejar ir tu necesidad de siempre tener la razón o “ganar”, aumentas enormemente tus oportunidades de crear y sostener una relación satisfactoria.
La mejor cualidad que un ser humano puede poseer es la tolerancia.  Es lo que nos permite ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.  Es la generosidad que concede a los demás el derecho a tener sus propias peculiaridades.  Es la grandeza que nos permite dejar que la gente sea feliz a su manera.  La persona que puede respetar y tolerar a los demás, es capaz de crear relaciones en donde ambas partes ganen, en donde la comunicación y la confianza pueden crecer segura y libremente.  Si quieres ser feliz, deja ir la lucha y la tensión sobre quién tiene la razón y enfócate en lo que es más importante, en profundizar los sentimientos de amor, confianza y satisfacción en tus relaciones.

“Más vale ser feliz que tener la razón”

Fuente

7.3.11

El desapego: la clave de la felicidad



Sólo tú, puedes hacerte feliz y todos los momentos presentes lo son porque tú estás en ellos. Y hoy, en el eterno presente, en el aquí y el ahora, tú serás feliz aunque hoy te acompañe esto o lo otro. Y podrás ir pasando de un momento a otro en la vida disfrutándolo plenamente, sin llevar cargas emocionales del pasado. Y como los lirios del campo y los pájaros del cielo estarás libre de preocupaciones viviendo siempre el Eterno presente.

Buda dijo: El mundo está lleno de sufrimientos; la raíz del sufrimiento es el apego; la supresión del sufrimiento es la eliminación del apego.
El desapego podría definirse como "carencia de sed". Piensa en el ánimo de una persona desesperada por la sed y en el de alguien que no la tiene. Observa mentalmente la diferencia. ¿En cual ves paz, tranquilidad, seguridad y en cual lo contrario? Ahora observa el mundo, la infelicidad que hay en torno y dentro de ti. ¿Qué la causa? La situación económica, el desempleo, las guerras, la soledad ...
Si observas bien, verás que no es nada de esto, porque si esto se solucionara aparecerían otros temas que seguirían causando la infelicidad. ¿Entonces qué es?.
Es que esa infelicidad la llevas contigo donde vayas. Esa infelicidad está en ti y no puedes escapar de ti. Está en tu programación, en tu computadora cerebral, son tus creencias; esas que te parecen tan lógicas que ni siquiera sabes que te tiranizan y esclavizan.
Tu mente no deja de producir infelicidad. Ahora, si lo analizas, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el deseo-apego.

¿Y qué es el apego?
Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona, no es posible ser feliz.
Tu mente dice: No puedes ser feliz si no tienes tal o cual cosa, o si tal persona no está contigo. No puedes ser feliz si tal persona no te ama. No puedes ser feliz si no tienes un trabajo seguro. No puedes ser feliz si no das seguridad a tu futuro. No puedes ser feliz si estás solo. No puedes ser feliz si no tienes un cuerpo a la moda. No puedes ser feliz si los otros actúan así. Y cuantos mas 'No puedes ser feliz si....'
Tu mente está programada para demostrarte constantemente (si no es por una cosa, es por otra) que no puedes ser feliz. ¡Todo esto es falso!
Tu eres feliz aquí y ahora; pero no lo sabes, porque tus falsas creencias y tu manera deformada de ver las cosas te han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades ... Si lograras ver a través de esa maraña, comprobarías que eres feliz y no lo sabes.
No hay un solo momento en tu vida en el que no tengas cuanto necesitas para... Ser Feliz.
Todas las cosas a las que te apegas, y sin las que estás convencido que no puedes ser feliz, son simplemente tus motivos de angustias. Lo que te hace feliz no es la situación que te rodea, sino los pensamientos que hay en tu mente..
El apego es un estado emocional que tiene dos puntas, una positiva y otra negativa. La positiva es el estado de placer y la emoción que sientes cuando logras aquello a que estás apegado. La negativa es la sensación de amenaza y la tensión que lo acompañan, lo que te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz.
Observa bien: Si no se consigue el objeto del apego, origina infelicidad; y si se lo consigue solo produce un instante de placer seguido de la preocupación y el temor a perderlo. ¿Podemos ganar la batalla contra los apegos? Si, renunciando a ellos. Cambiando nuestra programación.
Haz una lista de todo lo que te tenga apegado y dile a cada una:
"En realidad no estoy apegado a ti en absoluto. Tan solo estoy engañándome a mi mismo creyendo que sin ti no puedo ser feliz"

Y si tu apego se refiere a una persona di: "Te dejo que seas tú mismo; que tengas tus propios pensamientos, que satisfagas tus propios gustos, que sigas tus propias inclinaciones, que te comportes tal como decidas hacerlo.
Te libero con Amor y me libero con Amor"
Ahora estás en condiciones de amar a esa persona. ¿Por qué? Porque Amar, no es querer. Lo que quieres, quieres poseerlo. Cuando quieres a alguien para ti, solo le estás poniendo una cadena al cuello, y estás atándote del otro lado.
El Amor solo puede existir en libertad. Elige entre tu apego y la felicidad. Lo que necesitas no es renunciar, sino comprender, tomar conciencia. Si tus apegos te han ocasionado sufrimiento, esa es una gran ayuda para comprender, y si alguna vez experimentaste el sentimiento de libertad te será útil recordarlo. Borra en ti el ¡que feliz me haces! y el ¡esto me hace feliz!

Sólo tu, puedes hacerte feliz y todos los momentos presentes lo son porque tu estás en ellos. Y hoy, el eterno presente, el aquí y ahora, tu serás feliz aunque hoy te acompañe esto o lo otro. Y podrás ir pasando de un momento a otro en la vida, disfrutándolo plenamente, sin llevar cargas emocionales del pasado. Y como los lirios del campo y los pájaros del cielo estarás libre de preocupaciones viviendo siempre el Eterno presente.
¿De donde llegó tu apego? Brotó de una mentira que llega desde tu cultura, tu sociedad, o desde tu mismo, o sea de tu programación. Simplemente observa: miles de personas viven sin eso que tu supones dueño de tu felicidad; y si revisas tu pasado encontrarás algo que en un momento dado supusiste insustituible, y que el tiempo te demostró que no era así. Hoy ya ni las recuerdas. ¡Mira que pequeñas eran!

El cambio se produce únicamente cuando unes el conocimiento a la comprensión; observa que son las columnas del Altar de la Sabiduría.
La clave: Desprogramarse, soltar las ataduras. ¿Qué es tu programación?
Eso que llevas dentro de tu computadora cerebral, que se formó acumulando los datos recibidos. Tu cultura, tus ideas, tus creencias, tus miedos, tus apegos, tus hábitos.
He aquí los nombres de los muros de tu prisión, he aquí los nombres de la maraña que filtra toda la información que te llega. Analízalos uno por uno, ya que el camino no es renunciar, ni poner fuerza de voluntad. No combatáis el mal... El camino es la visión, agrandar el bien contrario.
Tu cultura: Sea la que fuere, hay otras culturas diferentes, hay otras personas que viven perfectamente sin ella, por lo tanto no es la única. No es la dueña de la verdad.
Tus ideas: Cuando conoces a alguien, lo etiquetas. Para ti es simpático, o desagradable, o triste, o tonto. Pues, eso seguirás viendo en esa persona ya que esa es la idea que tienes de esa persona.
Tu ves a las personas, no como son, sino de acuerdo a la idea que tienes de ella. Sin embargo, otras personas pueden tener una idea diferente a la que tu te hayas hecho, por lo tanto tampoco es la única infalible o valedera. Esto vale no solo con respecto a las personas, sino que involucra a todas tus ideas.
Tus creencias: Actúas como un fanático cerrado a todo lo que pueda poner en tela de juicio tus creencias. ¿Te asusta el fanatismo en otro?, pues eso es lo que nos hacen ser nuestras falsas creencias. Observa las consecuencias de los fanatismos extremos, ellos se basan en creencias tan arraigadas que no permiten la entrada de otras opiniones diferentes.
Tus miedos: Si supieras que van a matarte, no podrías dejar de pensar en eso. Esto hacen tus miedos, fijan tu mente solamente en ellos. Y si tienes tu mente fija en ellos, no vives tu vida, no puedes ser feliz, nada habrá que pueda alegrarte, verás todo desde el lado mas oscuro. Esta no solo es la peor de las ataduras, sino que es la puerta por donde entra todo lo negativo. La energía sigue al pensamiento, si tu pensamiento es un constante negativo, como podrían manifestarse en tu vida cosas bellas. Si tu mente se revuelca en un laberinto de terror, es eso lo que lamentablemente atraes para ti; luego ella se encarga de hacerte ver que aquello malo que temías, ha sucedido. Lo que no te dice es que ella lo ha creado con sus pensamientos. El miedo hace la combinación perfecta para llevar a la manifestación lo que temes; ya que combina pensamiento, sentimiento y palabra. Cierra esta puerta oscura y abre la del Amor con todo tu corazón, ya que el Amor es lo contrario al temor, llénate de Amor y poco a poco tus temores irán perdiendo fuerza.
Tus apegos: Como un avaro cuidando su dinero, fingirás no ver mas que lo que pone en peligro tus apegos. Recuerda que son el motivo del sufrimiento. Si le preguntamos a alguien si le gusta sufrir, con seguridad contestará que no. Y si ya sabemos cual es el motivo del sufrimiento tratemos de no darle poder a nada externo a nosotros.
Tus hábitos: Tienes costumbres, formas que de tanto hacerlas son habituales y lógicas para ti. Es tu parte-robot, que sirve para realizar actos mecánicos, pero no, para enjuiciar a la vida.

Como ves: El mundo con el que te relacionas y al que amas, es un mundo creado por tu propia mente y tiene muy poco que ver con el mundo real, ¿ porqué no crear con tu propia mente tu mundo de LUZ ? La clave es comprender y tomar conciencia. Entonces todo lo que te esclaviza se va a ir desmoronando, va a ir perdiendo poder en ti y tu propia creatividad va a ir reemplazando al robot mecánico, rígido y falto de vida que eras. Ya no vas a admirar a una flor porque la sabes bonita, sino vas a poder penetrar la esencia de todas las flo res. Y no vas a ver el mar, como un pescador de forma mecánica, sino como la belleza y grandeza que le ofrece a tu vista.
Solo en la medida en que seas capaz de ver a alguien tal como realmente es, aquí y ahora, no tal como es en tu memoria, en tu deseo y en tu imaginación. Sólo así podrás realmente amarla.

Tu mente, tu cultura, tus creencias...
Anthony de Mello las ilustra perfectamente: Una turista occidental contemplaba, llena de admiración, el collar de una nativa. "¿De qué está hecho? ", le preguntó. "De dientes de caimán, Señora", respondió la nativa. "¡Ah, ya!. Supongo que los dientes de caimán tendrán para ustedes el mismo valor que para nosotros tienen las perlas... "¡En absoluto!. Una ostra puede abrirla cualquiera."
Como puedes observar, las distintas culturas y ubicaciones hacen diferentes los valores, por lo que ningún valor que dependa de lo externo es real y absoluto. Los que han alcanzado la iluminación comprenden que un diamante no es mas que una piedra a la que la mente humana ha dado valor. Y que los reyes son lo grandes o lo pequeños que tu mente decida que sean. Y que todo tiene el valor que tu le das...
La felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí.
Redescubrirte a ti mismo, es simplemente redescubrir la Vida en plenitud que puedes alcanzar, si te propones eliminar las rejas que tu mismo te pusiste.

"La Nueva Era requiere nuevos hombres. Y el Nuevo Hombre surge del reencuentro consigo mismo. Surge al rellenar el abismo que os separa de la Realidad. Surge por la fuerza apelativa del Amor. Surge por el esfuerzo reintegrativo en un Todo Mayor".

"La energía sigue al pensamiento. Por eso los que creen en cosas equivocadas, igual que los que creen solamente en lo que es limitado a sus vidas, reivindican para si mismos la prisión espiritual..."

Anthony de Mello

¡Chissssspeante! :D